Acoso escolar

Hablamos de acoso

Es evidente que la convivencia de los centros educativos se ve afectada por los problemas sociales existentes en su entorno. La violencia es un fenómeno social del que la escuela no puede abstraerse. El abanico es muy amplio y podemos observar desde conductas disruptivas, malas relaciones interpersonales, conflictos no resueltos adecuadamente, hasta verdaderas conductas de acoso que resultan devastadoras para todas las personas implicadas.

Esto no es nada nuevo. El acoso escolar ha existido siempre, nos acompaña inexorablemente, pero hoy en día gracias al trabajo de investigación se ha avanzado en la conceptualización del fenómeno. Gracias también a la mayor conciencia social, el acoso entre iguales ha pasado a un primer plano siendo uno de los temas que más preocupación genera en el ámbito socio-educativo, por los graves efectos que tiene en el desarrollo personal, social y en los aprendizajes del alumnado. En consecuencia, la escuela y el sistema educativo deben considerarlo de forma prioritaria.

 

Es preciso no confundirse. No todas las conductas agresivas pueden caracterizarse como acoso. Existe un consenso amplio sobre lo que caracteriza de manera específica una situación de acoso escolar: que se de manera repetida y mantenida en el tiempo, lejos de la mirada de adultos y con la intención de humillar y someter abusivamente a una víctima indefensa (Avilés, 2006). Es decir, que haya un desequilibrio de poder e indefensión en la víctima, intencionalidad de causar daño al otro, personalización y repetición mantenida en el tiempo.

Además de las cuatro características debe tenerse en cuenta que mientras en algunas ocasiones es sencillo determinar la existencia de acoso escolar, en otras la línea que separa estas situaciones de las que no lo son es difusa y difícil de definir con precisión, existiendo en muchas ocasiones casos “poliédricos”con multitud de matices y complejidades.

Asimismo, se comprueba que las características definitorias del acoso se combinan en diferentes proporciones según los casos analizados, dando origen a diferentes situaciones cuya gravedad varía de unos a otros casos dependiendo del tiempo transcurrido, la intensidad de la dinámica agresora, la impunidad del comportamiento agresor, la indefensión de la víctima, el grado de intencionalidad, etc.

De esta forma, siempre se hace necesario analizar globalmente las circunstancias de cada caso, las repercusiones de la problemática creada para las personas implicadas y su evolución en el tiempo, para poder emitir un juicio de valor concluyente y fundamentado respecto a la existencia y dimensión del acoso.

En definitiva, nos encontramos ante un fenómeno multifactorial, complejo y paradójico cuyo análisis y proceso de resolución se ha de dotar necesariamente de una perspectiva ecológica y de un intervención sistémica abordando contextualmente a los distintos ámbitos y agentes implicados.

 

Prevenir el acoso escolar desde la prevención

Prevenir es la mejor manera de evitar el acoso escolar, na de las formas de violencia directa según Galtung, sea ésta en un sentido físico, verbal o psicológico.

Independientemente del motivo o ámbito en que se manifiesten los comportamientos relacionados con la discriminación, la exclusión y la intolerancia, los procesos psicosociales implicados son similares: jerarquización social, dominación, concepto de homegeneidad y no aceptación de la diversidad. La violencia tiene componentes estructurales y sistémicos, que acaban impregnando el tejido social y escolar y que con mucha frecuencia afectan con mayor intensidad a los colectivos más vulnerables. Es el origen de la xonofobia, la aporofobia, la homofobia…

Para prevenir estos comportamientos que están en la base del acoso escolar, es preciso construir espacios inclusivos de convivencia, abordando aspectos especialmente relevantes:

  • Compromiso, colaboración y participación de toda la comunidad educativa en la gestión democrática del centro.
  • Revisión del currículo para superar los estereotipos culturales y de género, desde referentes universales del conocimiento humano, valoración de lenguas y culturas, etc.
  • Atención específica al alumnado más vulnerable por diferentes razones: discapacidad, retraso madurativo, alumnado en fase de aprendizaje de las lenguas de la escuela, etc., propiciando su éxito escolar mediante estrategias pedagógicas adecuadas..
  • Capacitación del profesorado para trabajar en contextos de diversidad y emplear metodologías de enseñanza colaborativas y recursos adecuados.

Es fundamental dotar y proveer a toda la comunidad educativa de enfoques, estrategias y herramientas que promuevan una convivencia de calidad y que ayuden a superar visiones culturales y de género basadas en estereotipios y prejuicos. En ese sentido Bizikasi incide con permanente énfasis en la necesidad de actuar en clave proactiva invirtiendo la mayoría de los esfuerzos en el cuidado de la calidad de la convivencia.

 

Bajo este prisma, en primer lugar, es imprescindible la formación de toda la comunidad educativa dirigida a dotarse de un lenguaje y una mirada común y compartida, lo que con frecuencia supone poner en cuestión ideas y creencias en torno al acoso escolar. De esta forma, se hace necesario desaprender y despojarse de otra forma de violencia, la violencia cultural de la que nos habla Galtung , para poder asumir con garantías el currículo asociado a la convivencia.

En consecuencia se hace necesaria esta doble vertiente de aprendizaje y desaprendizaje. Desaprender falsas creencias basadas en estereotipos y prejuicios, y como apunta Amparo Tomé (2018) aprender valores, aprender a interaccionar con iguales o con personas adultas con autoridad, buscar información, aprender a pensar, a resolver problemas vitales, a ser, crear conocimiento, crecer en libertad.

También es preciso un cambio de paradigma que posibilite entender el conflicto entre iguales como una herramienta para la transformación y el desarrollo personal. Diferenciar a las personas de las conductas que éstas pueden mantener en determinadas circunstancias es una oportunidad educativa para que el alumnado identifique aquellas conductas que generan el acoso y en consecuencia precisan ser modificadas.

Asimismo, es esencial “mirar” de otra forma a las relaciones que se establecen entre las personas. . Hay que aprender a observarlas desde una perspectiva dialéctica, no estática, tal y como señala Ortega (2015). Las relaciones interpersonales se desenvuelven en una dinámica compleja y en ocasiones incluyen claves de dominio-sumisión. La persona que se acostumbra a dominar a los otros aprende a medir sus actos con una regla trucada y su percepción de la reciprocidad y de la simetría se hace cada vez más borrosa. Por ello es necesario que los educadores desarrollen la capacidad de entender estas claves, aprender a observarlas, ya que representan una invitación a que aparezcan situaciones de acoso.

Desde el conocimiento de la situación socio-emocional y académica de cada alumna y alumno, así como de lo que acontece en el grupo de iguales, la escuela debe atender los distintos factores de riesgo y de protección de cada momento evolutivo del alumnado (Eloisa Teijeira 2017). Por eso se empeñará en fortalecer las cuatro capacidades fundamentales que refiere Mª José Aguado y que permitan a cada persona a encontrar su lugar en el mundo: establecer vínculos de calidad en distintos contextos, tener éxito en el estudio y movilizar la energía y el esfuerzo necesario para ello, integrarse en grupos constructivos de iguales y potenciar el desarrollo de la propia identidad. La escuela también trabajará para superar todos los estereotipos culturales y sexistas.

Es fundamental educar en convivencia. Crear una atmosfera positiva generando entornos seguros y ambientes acogedores en los que todos y todas sean partícipes y puedan aprender desarrollando al máximo todas sus potencialidades y, de esta forma, anular la violencia estructural.

Además hemos de educar para la convivencia, trabajando la competencia emocional, promoviendo el aprendizaje dialógico, fomentando la pedagogía del cuidado, el buen trato y desarrollando la autoestima, la escucha activa, la asertividad, la resiliencia y la empatía.Además hemos de educar para la convivencia, trabajando la competencia emocional, promoviendo el aprendizaje dialógico, fomentando la pedagogía del cuidado, el buen trato y desarrollando la autoestima, la escucha activa, la asertividad, la resiliencia y la empatía.

 

Estos elementos indispensables para la prevención de la violencia se asumen en su totalidad en el primer nivel de intervención de la Iniciativa Bizikasi. Pero no son suficientes. Tal como propone José Mª Avilés es imprescindible desarrollar un plan específico antiacoso que, desde la participación significativa de toda la comunidad escolar, organice y dote de coherencia a las intervenciones educativas a desarrollar, tanto en el ámbito de la prevención como de la resolución de los casos de acoso.

 

En ese sentido destacamos la importancia de la conceptualización del acoso, así como el compromiso tanto individual como colectivo, la implicación de todas y todos en la responsabilidad compartida para la erradicación de las situaciones ligadas al mismo.

Bizikasi hace una apuesta decidida por ello y dota a los centros educativos del material curricular dirigido a este fin: empoderar al alumnado para convertirlo en el regulador y transformador de los comportamientos contrarios a la convivencia y en el protagonista del proceso de restauración de las relaciones dañadas.